2009-04-01
Documento leído por actores en el recital frente a Tribunales (23/3/09)
Nos reunimos hoy acá, frente al edificio vacío de la Justicia, junto a las Madres, Abuelas, Familiares e H.I.J.O.S., para decir bien fuerte y que se escuche: no a la pena de muerte.
Para decirle no a los agitadores del odio y del gatillo fácil.
Para decirle no al bombardeo incesante de los medios que en tiempos de dictadura callaban la desaparición de nuestros hermanos y hermanas y que hoy, convertidos en los dueños casi absolutos de una opinión que debería ser pública, pretenden manejar la agenda de la comunicación y de la política.
Para decirle no al oportunismo de aquellos que, montados sobre este deliberado “clima de inseguridad”, ofrecen recetas fáciles con fines meramente electoralistas.
Para decirle no a la mezquindad de quienes promueven una lógica binaria, “ellos o nosotros”, “ganadores y perdedores”, según la cual no habría lugar para todos en la sociedad.
Estamos acá, con el “no” puesto en los ojos, como cuando marchamos contra los indultos, para decir bien fuerte y que se escuche que no queremos, nunca más, un Estado que asesine.
A 33 años de la instalación del Estado más asesino de la historia argentina, estamos acá para defender la vida.
Durante estas tres décadas, los organismos de derechos humanos, buena parte del pueblo argentino, todos nosotros, hemos exigido justicia y no ajusticiamiento.
Nuestra lucha ha sido siempre por más democracia, por más garantías, por más derechos humanos. Tan es así que hoy, los genocidas de la dictadura tienen el derecho a un juicio justo y a una legítima defensa, derecho que negaron brutalmente a nuestros 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos.
Repudiamos la defensa de la muerte porque amamos la vida.
Hoy, cuando los agitadores del odio agitan su proyecto de “país para pocos” –que ya conocemos bien y cuyas consecuencias seguimos padeciendo–, tenemos que comprometernos más que nunca con un proyecto de país para todos.
Somos muchos y muchas los que día a día ponemos el cuerpo, la vida, por este proyecto. A muchos y muchas se nos va la vida en esto. Nuestros 30.000 compañeros y compañeras detenidos-desaparecidos entregaron su vida por un país para todos. La memoria de su lucha –siempre viva, siempre presente–, debe hacer que abracemos bien fuerte, como nunca, la causa de una sociedad más justa e igualitaria.
La pena de muerte no da de comer, no educa, no da trabajo digno, no da acceso a la salud. La pena de muerte mata, a secas. No hay vuelta que darle.
Los represores de la dictadura impusieron un modelo de hambre y desocupación. Este modelo, ya lo sabemos, clausura el futuro y clausura los sueños, porque está orquestado por quienes insisten, una y otra vez, en volver al pasado.
Estos asesinos de sueños siguen operando. La impunidad está a la orden del día. Julio López, después de dos años y medio, continúa desaparecido. Hambre, desocupación, sobreexplotación, criminalización de la pobreza, falta de acceso a la salud y a la educación, son problemas cotidianos para millones de hermanos y hermanas de nuestro país.
No hubo justicia plena para los crímenes de Kosteki y Santillán, Miguel Bru y Carlos Fuentealba. Todavía hay cientos de genocidas prófugos e impunes, muchos de ellos caminando por la calle, y todavía hay 400 jóvenes apropiados que no conocen su identidad. Éstas son las cosas que generan inseguridad.
De un lado y del otro, todos humanos, todos con derechos. En el medio, el Estado debería garantizar los derechos de todos. Todos tenemos los mismos derechos, en eso mismo consiste el Estado de derecho. Pero no todos los tenemos garantizados, en eso mismo consiste la impunidad, la injusticia.
Hoy estamos acá, frente al Palacio de Justicia, para exigir al Estado la continuidad de los juicios contra los represores de la dictadura, para que se aceleren, para que sean públicos.
Para exigir que estos represores, de una vez por todas, empiecen a llenar las cárceles, y no los miles y miles de pobres que llegaron al encierro porque el Estado no quiso o no supo garantizarles trabajo, salud ni educación.
Hoy, que recordamos a ese atroz Estado terrorista que repartió muerte por todo el país y más allá de las fronteras, queremos celebrar la vida.
No queremos más muertes.
Mucho menos, pena de muerte.
Abrazarnos a la vida, eso queremos.
Y a los sueños.
Para seguir luchando…
¡Hasta la victoria, siempre!