2008-11-24
Cuentan los dioses, los más primeros, los que nacieron el mundo, que las primeras mujeres valientes, desnudas se andaban. Cuentan que, por entonces, el mundo habitaba en su piel, con lunares de estrellas y pelos de trigo. Pero un mal día, la sombría ambición pretendió arrebatarles su fuerza. Y así fue que ellas se juntaron. Reunieron al fuego, al agua, al aire y a la tierra y se escondieron en su propio refugio. De ese primer encuentro, renacieron con la intensidad del vuelo. Bien triste y oscuro se había quedado todo. Con ellas ocultas, la sombra tejió una red que tapaba al sol y atrapaba a los deseos y a los sueños. A cambio de volver a verlas, los dioses, los más primeros, los que nacieron el mundo, le regalaron alas multicolores. Ellas sintieron que la felicidad cuesta dolores, y con sus frágiles alitas destramaron la trampa. Sabedoras que vale vivir solo un día para ver al sol, que permanecer en la eternidad de las tinieblas. Desde entonces, el amor las hace revolotear en lo profundo. Por eso dicen que los espíritus guerreros viven en las mariposas. Porque ellas viajan cumpliendo deseos y desatando sueños. Por eso cuentan también que, en sus alas, habitan los otros mundos.
En memoria de las Mariposas, las hermanas Mirabal asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana. Y a todas las mujeres que luchan por ver al sol.