2011-06-14
El lunes
6 de junio en los Tribunales de Comodoro Py declaró
Con toda su entereza, valentía y hablar pausado, testimonió durante tres horas. Cada palabra, con detalle y precisión, dio cuenta de los primeros momentos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.
Allí, desde esa enorme silla frente a los jueces, el ejercicio de Memoria de contar y nombrar durante los últimos 35 años todo lo sucedido después de la desaparición forzada de su hija, se volvió Justicia.
La noche del secuestro
Mi hija Ana
María Baravalle fue secuestrada el 27 de agosto de 1976, junto a su esposo
Julio César Galizzi, por un grupo armado que irrumpió en la casa por la
fuerza y de madrugada. También entraron
en las casa vecinas.
Ana estaba embarazada de cinco meses, trabajaba en el Ministerio de Hacienda y estudiaba Sociología. El mismo día que se la llevaron, el médico la había visto y la había felicitado por el buen embarazo que llevaba.
Desde entonces, no hemos tenido noticias de ninguno de los tres.
La noche del secuestro estábamos en casa, éramos cuatro. Ana, Julio, mi hermano y yo. Jugábamos al scrabble, y el que perdía cebaba mate. Eso era lo que estábamos haciendo esa noche. Mi yerno intentó esconderse en el patio, y los vecinos escuchaban gritar “tirale, tirale, matalo”. Yo después encontré balas en el fondo. Nosotros hicimos lo imposible para saber algo más de esa noche, pero nadie hablaba.
Primeros pasos en la búsqueda
Al otro
día del secuestro voy a la iglesia de Lourdes, en Santos Lugares, para ver la
posibilidad de tener alguna información de nuestros chicos. Cuando le conté lo
que había pasado el cura me dijo “otro más”. Yo en ese momento no entendí qué
me estaba queriendo decir. Hicimos una misa por su aparición, y se nombraron a
otros jóvenes.
Al lunes
siguiente comencé a buscar en las cárceles. Iba a Villa Devoto todos los días.
Veía a muchas personas delante de mí, la mayoría eran familiares de presos
políticos pero había otros que también buscaban a sus hijos secuestrados y no
sabían dónde estaban. Ahí me fui informando hacia dónde podía dirigir mis pasos
para saber sobre ellos. Enseguida hice hábeas corpus, causa 616. Los hacía a
mano. Una vez en 1978 logré que me sellaran uno por el bebé, y en 1981 hicimos
la presentación en Casa de Gobierno.
Los
primeros lugares a los que fui fueron el Movimiento Ecuménico por los Derechos
Humanos (MEDH) y
También me acerqué a Familiares y por primera vez dí mi testimonio del bebé desaparecido. Después, en una entrevista con un periodista holandés denuncié la desaparición de los tres. Esa nota tuvo mucha repercusión a nivel mundial, y fue incorporada en la edición de un libro.
También por aquellos años Adolfo Pérez Esquivel llevó al Papa el dossier de Abuelas. Nos había prometido que iba a estar en su mesa de luz, pero parece que nunca lo abrió.
Abuela y Madre de Plaza de Mayo
desde el principio
La mayoría de las mujeres buscábamos a jóvenes embarazadas. Nos fuimos encontrando. Con las primeras Madres el 30 de abril de 1977, y luego con Abuelas, que ya se estaban organizando. Como Abuelas nos encontrábamos en el Café Tortoni. Íbamos a festejar cumpleaños imaginarios. Ya en ese momento se encargaba de convocar Chicha Mariani, que por entonces era la presidenta. Con Vilma González y Julia Rebollo nos encontrábamos en distintas casas, en lugares lejanos. Los reclamos que hacíamos a nivel internacional nunca obtuvieron respuesta.
Desde
Abuelas hicimos en conjunto muchas actividades. Sabíamos de muchas personas
detenidas desaparecidas que no eran denunciadas, y nosotras salíamos a
buscarlas. Esas familias no sabían que existía Abuelas. No sólo nacieron bebés
en cautiverio, también secuestraron a niños con sus padres. Por eso hacíamos
todo para recavar la mayor cantidad de información posible. Como sucedió con
María Eva Duharte; una sobreviviente nos contó que ella había dado a luz
estando secuestrada. Vivía en Grand Burg, y fui hasta allá a ver a su familia.
Su mamá me dijo que era imposible, que Maria Eva no estaba embarazada. Pero una
chiquita que también estaba en esa cocina presente, dijo: “Sí mamá, estaba
embarazada. Yo lo sabía”.
Y muchos casos fueron así. Sabemos que hay cientos de nietos a recuperar todavía.
Las
madres que estaban por dar a luz sabían que los represores se quedaban con sus
hijos, por eso retardaban lo más que podían su fecha de parto. No se entiende
esa maldad, esa perversidad tan tremenda, sin límites. Yo pienso que la
generación de nuestros hijos subestimó la criminalidad del enemigo.
Las
Abuelas nos juntamos en principio quizás por el propio egoísmo de encontrar al
propio nieto. Pero después sentimos que cada nieto era nuestro. Nos llamábamos
Abuelas Argentinas, y al comienzo fuimos trece. Clara Jurado, Haydeé Falino de
Lemos, Señora de Caimi, Julia Rebollo de Grandi, Irma Cisariego de González,
Beatriz de Neuhaus, Chicha Mariani, María Eugenia Goyena, Alicia de
Como Abuela participé de la recuperación de muchos de los niños. Paula Logares fue la primera nieta recuperada por medio de los análisis. Tenía 22 meses cuando la secuestraron y ella, tan chiquita, se señalaba y decía “yo, Paula”. Defendió su nombre con 22 meses. La encontramos cuando tenía ocho años, y le decían que tenía seis.
¿Cómo
puede ser que todavía no tengamos una disposición para recuperar a todos los
chicos que faltan? Que no se los someta a una historia y a raíces que no son
las suyas. Sí, muchas veces sufrimos con
Otro de los primeros casos fue el del sobrino de la actriz Menchu Quesada, el nene la reconoció en la televisión, cuando la vio dijo “tía”. Y también el de los hermanitos Anatole, que dejaron en Valparaíso.