Juicios en Goya-parte 2
2011-08-18
ENAMORADOS DE LA JUSTICIA. CRÓNICAS INFORMALES DEAUDIENCIAS JUDICIALES POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD Causa PANETTA ÁNGEL VICENTE S/DENUNCIA. Ciudad de Goya, Corrientes. 27 y 28 de julio de 2011 Parte 2 Vassel continúa. Relata su relación de jovencito con el primer obispo de Goya,Alberto Devoto, muerto en accidente común en julio de 1984, el más libre ycompañero de los obispos, maestro y amigo amado por tantos –y odiado poralgunos-, “un gran profeta”. Entre los que lo amaron, los campesinos dePerugorría como Tonito Olivos, detenido desaparecido: había donado una parcelade su pequeño campo para crear una escuela rural, acompañado por el Obispo.Vassel habla del padre Victor Hugo Arroyo, Coqui –también testigo en estejuicio, ex detenido desaparecido, hoy párroco de Perugorría-, plomero deprofesión, en cuya parroquia de Goya San José Obrero (como en otras) la pastoraly la acción social y cultural seguían con pasión y entusiasmo las propuestas delConcilio Vaticano IIº. Vassel, asesor jurídico del Foro por la Justicia de Goya, devíctimas de la dictadura, gran conocedor de casos e historias relacionadas con larepresión de la dictadura –“la represión se vivía epitelialmente”-, afirma que ésta“tomó como blanco a estos religiosos y a las Ligas Agrarias; para comprender elplan de la dictadura sobre Goya hay que conocer lo que fue Goya en los años 60,en esta provincia extremadamente conservadora, con su estructura deminifundios y latifundios. Monseñor Devoto trajo aires de nueva iglesia a estaprovincia que tiene un ADN de fe. Devoto acompañaba a los trabajadoresrurales en su lucha contra los acopiadores, y también contra el sistema deaparcería rural”. Pablo recuerda la represión contra el prestigioso Instituto deProfesorado local, donde se aplicaban los principios pedagógicos de Paulo Freire,al que acudían los mayores cerebros nacionales en artes y ciencias. Su director,P. Rolando Camozzi, salvó la vida en el exilio. “Por algo será …”, decíanmuchos de mentalidad servil; por algo hubo, en la pequeña Goya, “más de 100agentes de Policía Federal” en algunos momentos. En fin,” muchos gerentes ydirectivos tabacaleros pasaron a ser gobierno de la dictadura, incluso en elChaco”… Por algo será … El Tribunal, formado por el formoseño Victor Alonso (presidente), Lucrecia Rojasde Badaró y Fermín Ceroneli, decide un cuarto intermedio breve. Corre el mate demano en mano en el patio de la delegación de la Universidad de Lomas deZamora. Los grupos conversan animadamente bajo las galerías que evitan lallovizna. Quien se acerca al baño puede llegar a entrar al mismo espacio juntocon los represores, acompañados de los hombres de Penitenciaría. Saludamos a la hermana Martha Pelloni, presente en varias audiencias, y a otrosamigos y conocidos como Berta Arroyo, del Foro, y Palito Leiva, de laFederación Judicial Argentina y el ME.DE.H.S; se hallan los miembros de estaAsociación -Memoria, Derechos Humanos y Solidaridad-. Es escaso el rato deexpansión, pero resulta más fuerte el deseo de seguir cumpliendo justicia, y lagente entra a sala con expectativa de escuchar más pruebas, que conduzcan asentencias justas. Da su testimonio Adolfo Pérez Esquivel. Habla de la iglesia local, del obispoDevoto que, junto con otros obispos, practicaba de verdad el Evangelio, y conquien compartió preocupaciones por la situación de opresión contra los sectorespopulares. Adolfo siguió de cerca el episodio del secuestro y desaparición de ladirigente de las Ligas Norma Coca Morello (por suerte, liberada), a quien Devotobuscó (y a quien ofreció una homilía explicando claramente la situación dedetención clandestina en que ella estaba, homilía leída en todas las parroquias dela Diócesis –nota de la cronista-). Habla de Adolfo Scilingo, y de la formación delos represores en la Escuela de las Américas y bajo enseñanza de militaresfranceses, de la Doctrina de Seguridad Nacional, “para la cual la Iglesia, Pueblode Dios era un enemigo”. Y habla de una iglesia latinoamericana que tras elConcilio abría los brazos al mundo y se ponía a caminar con él. No olvida elepisodio de represión sufrido en 1976 por 18 obispos y varios laicos, él mismoentre ellos, en Riobamba, Ecuador, y que al año siguiente fue arrestado enBuenos Aires por la Policía Federal, sufrió torturas y un vuelo en avión dondecreyó que lo arrojaban afuera, hasta quedar libre luego de 14 meses. Menciona elColoquio de París de 1981 en que comenzó a hablarse de la figura del detenidodesaparecido hasta llegar a la Convención correspondiente. Termina pidiendo el“¡Nunca Más!”. La mayoría del público aplaude fuerte: a la derecha de la salaestán sentados los familiares y amigos de los imputados. Por la tarde, Adolfo da una charla en el Colegio Santa Teresita, cuya rectora esMartha Pelloni. Es evidente la “cancha” del disertante ante los numerososjóvenes, que lo escuchan con atención. Quizá comprenden como nunca antes queser argentino es ser latinoamericano, que ser cristiano es ser ecuménico y conocerpolítica. Las preguntas colaboran con el panorama que traza Adolfo, en que nosalerta ante los avances –disimulados o no- de las fuerzas militares del imperio. Audiencia del jueves 28. Testimonian los imputados, algunos con fluidez; otroscon harta escasez de vocabulario. Desde distintos puntos todos relatan su vidaprofesional, afirman que admiraban y seguían al obispo Devoto, indican que enGoya “No nos tocaba la problemática nacional” pues se dedicaban a laconstrucción como ingenieros, o como administrativos al trabajo en instalacionesde Ingenieros o de Comunicaciones en el Área Militar 235, no hicieron nadamalo, no buscaron ni ejercieron la violencia, no practicaron detenciones niestuvieron en el Club Hípico (uno de los centros clandestinos de Goya),procuraban defender a la patria persiguiendo a subversivos terroristas, que algunodefine como “del ERP y de Montoneros”, no tuvieron dominio de los hechos.Cuando se le pregunta a Lemos (que en el testimonio del P. Arroyo apareceresponsable de haber allanado su casa y haberle robado pertenencias) si consideraque este sacerdote era del ERP o de Montoneros, duda un poco y enseguidacontesta “Y … hasta ahí …”, frase que causa disimulada hilaridad en el público yque esta cronista decide incorporar como refrán de ahora en adelante. Y varios sepreguntan y preguntan al Tribunal: “¨(Qué pasa con mis superiores ahora? ¿Porqué no están llamados aquí?”. El ex fugitivo Cao explica que jamás se fugó, quede los 70 testigos 68 ni lo conocen, y otro le tiene un odio terrible; que esperonista, que trabajó en las Ligas Agrarias y era amigo o conocido del obispoDevoto, que sólo están frente al tribunal 14 oficiales cuando había 77 de ellos. El Tribunal acepta a una nueva testigo, pese a objeciones y reservas de losdefensores: la ex profesora Argentina Titina Martínez, 87 años, que se mueve condificultad; pero llama la atención su voz tan viva. Cuando el presidente delTribunal, obligado a preguntas de rutina, inquiere su edad, la coqueta Titinaresponde “Usted tiene en ese documento mi año de nacimiento”. Ex Rectora de laEscuela Visual, muy amiga y colaboradora de monseñor Devoto, atestigua sobreel allanamiento en su casa, la prisión en el Campo Hípico con capucha, habervisto a otras profesoras detenidas. Estuvo incomunicada dos días. “Sufrí muchasinjusticias”. Deseamos que haya justicia para ella. El 5 de agosto de 2011 el Tribunal Oral Federal condenó a los seis imputados a lamáxima pena posible: 25 años de prisión de cumplimiento efectivo en cárcelcomún. María Adela Antokoletz