2011-10-18
Las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora reproducimos la siguiente crónica, que resume y retrata la declaración de Chicha Mariani en la ciudad de La Plata:
María Isabel “Chicha” Mariani declaró en el juicio por los delitos cometidos en el circuito Camps.
“¿Por qué sigue esta tortura que han decidido mantener sobre nosotros?”
Publicado el 13 de octubre de 2011
Por Milva Benítez
Detalló la terrible balacera que descargó un grupo de tareas sobre la casa en la que se encontraba su nuera, Diana Teruggi, y su nieta Clara Anahí, en 1976. Le quitó veracidad a los dichos de un represor sobre el destino de la niña.
“¿Quiénes éramos nosotros?” Así comenzó María Isabel “Chicha” de Mariani el testimonio en el que contó que a su hijo Daniel, licenciado en Ciencias Económicas, lo mataron el 1 de agosto de 1977, nueve meses después de que asesinaran a su pareja, Diana Teruggi y se llevaran a su hija, Clara Anahí.
“Mi hijo trabajaba en el Consejo Federal de Inversiones y había pedido licencia para criar conejos y tenían una imprenta escondida, porque no se podía hablar de lo que uno pensaba. En octubre habían publicado el último número de Evita Montonera, en el que avisaban que se estaban produciendo torturas en la ESMA y que tiraban personas al río”, dijo Chicha.
Durante cuatro horas, Chicha Mariani relató cómo desde hace 35 años busca a su nieta, Clara Anahí, robada a su familia cuando tenía apenas tres meses de edad. La niña desapareció luego de que fuerzas conjuntas de la Policía Bonaerense, del Ejército y la Armada, propinaran una feroz balacera sobre la casa de calle 30 nº 1134, en la ciudad de La Plata, y asesinaran a su madre, Diana, y a otros militantes de la agrupación Montoneros que se encontraban en la vivienda.
En su declaración Mariani señaló que en esa oportunidad Máximo Gainza Castro, director del diario La Prensa, fue testigo presencial del ataque a la vivienda, según lo habría declarado el propio Ramón Camps, entonces jefe de la Policía Bonaerense.
Ante el tribunal que juzga a 26 represores que actuaron en centros clandestinos de detención que funcionaron bajo jurisdicción de la Policía Bonaerense, conocido como Circuito Camps, Mariani explicó que “han sido muy crueles estos años de no saber, de mentiras y engaños”.
Entre otras, mencionó una entrevista con el ex secretario del Vicariato Castrense durante la dictadura, Monseñor Emilio Teodoro Graselli, quien le habría asegurado que podían recuperar a la niña si, cuando se la devolvieran, la sacaban del país. “Cuando fuimos, una semana después, estaba hecho una furia, y nos dice que de ninguna manera íbamos a conseguir lo que andábamos buscando, que la gente que la tenía estaba tan alto que no se la puede tocar”, explicó la testigo.
“Yo no tengo los cadáveres de ellos, me ocultaron dónde estaban enterrados”, dijo la mujer que ya llevaba varias horas frente al Tribunal. “¡Fuerza, Chicha!”–gritó alguien desde el público–. La impotencia hecha bronca volvió a surgir en otros momentos de su testimonio: “¿Por qué no nos dijeron? ¿Por qué sigue esa tortura que han decidido tener sobre nosotros y que se mantiene ahora?”.
En la sala de audiencias, un gran número de asistentes acompañaba el esfuerzo de esta mujer de 87 años que espera que de este juicio “salga la verdad para encontrar a su nieta”. Puntualmente, se dirigió a los imputados Norberto Cozzani y a Hugo Alberto Guallama, entonces chofer de Miguel Osvaldo Etchecolatz, quienes deberán responder por estos hechos. En cuanto a lo que pueda llegar a manifestar Etchecolatz, condenado en 2006 por el asesinato de su nuera, Mariani fue taxativa: “No lo va a hacer. Es irremediable.”
Un momento antes, había hecho referencia a su entrevista con el comisario Osvaldo Sertorio, quien falleció antes de llegar a este juicio en el que debía responder por el funcionamiento de la Comisaría 5a de La Plata como centro clandestino de detención. “Me recibió y me dijo que yo a él no le importaba nada, ni lo que buscaba, ni lo que sentía. Aclaró que me recibía porque una persona a la que le debía todo me había dado su nombre. (…) Después, me dijo que la nena estaba viva, que la buscara pero no por el nombre, porque seguramente ya se lo habían cambiado. (…) Búsquela por la ropita, me dijo”, sintetizó Chicha.
“La crueldad de esta gente llega a todos los extremos. Yo creo que era cierto esto, que ellos sabían muy bien quiénes se habían llevado a mi nieta”, dijo Mariani. Luego agregó: “Ya no le creo a nadie, quiero pruebas. (…) Y si este hombre –se refería a Miguel Osvaldo Etchecolatz–, y lo llamo hombre con minúscula, si está diciendo que la nena murió calcinada… ¿Cómo lo demuestra? ¿Qué merece teniendo en cuenta la tortura que me hizo soportar durante 35 años, día por día, noche tras noche? ¿Qué es lo que quiere con esta barbaridad que sale a decir ahora?”, expresó Chicha y fue enfática al aclarar: “No voy a admitir una verdad que no me la comprueben.”