Danza afroamericana en la marcha del 24

2009-03-26

 

Una manifestación ancestral

 

Las mujeres y hombres de la danza golpeaban con sus pies el suelo duro y cobraban fuerza en sus brazos y rostros. Se manifestaban con formas que traían recuerdos y emociones. Y así circulaban por las calles, con una manera diferente a la habitual.

 

Oduduwa Danza Afroamericana convocó otro año más a marchar bailando en la movilización del 24 de marzo. Alrededor de doscientas personas vestidas de blanco pusieron el cuerpo a la ritualidad en la lucha por la Memoria y los Derechos Humanos. Una fuerza colectiva para que los tiempos de la Justicia se aceleren y llegue, por fin, el tiempo de la Verdad. Fue una expresión artística y espiritual del trabajo que las Madres, los familiares y los compañeros y las compañeras de los treinta mil detenidos desaparecidos vienen realizando desde hace ya más de treinta años.

 

La danza afroamericana es la manifestación en la tierra de los orixás, arquetipos espirituales de la cosmovisión yoruba. Sobre la Avenida de Mayo, marcando el ritmo de la marcha y abriendo paso a la entrada de la Plaza, las bailarinas y bailarines se conectaron con la batalla del tiempo y el agua: Iroko, Ogum y Oxum.

 

Iroko, orixá  del tiempo. Es también el gran árbol, que nos da cobijo, plantado en sus profundas raíces. En ellas yacen los muertos, que dan vida a las ramas y la copa, donde moran los vivos. Iroko, el mensajero entre la tierra y el cielo, fue el único que salvó a la vida de desaparecer de la tierra. Con su gran pañuelo blanco, a él se recurre para buscar a los que desaparecieron.

 

Ogum, orixá de la guerra y el trabajo. Es la fuerza creadora y es también la aniquilación. Pero guarda un secreto poderoso: es la ayuda de sus muertos los que aseguran su victoria. Él los convoca, en un pacto de sangre y fuego. Entonces los ancestros pasan su fuerza a los guerreros y viven por generaciones.

 

Oxum, orixá del río y del amor. Su fuerza está en las profundidades, de donde brota el agua vital y la verdad. Su amorosidad irradia del corazón y se hace fértil en nosotros. Son las aguas del río las que primero trajeron el canto de los muertos. Y desde allí, comenzamos a sanar.

 

La Chilinga brindó su percusión a los movimientos. En un lenguaje más poderoso que las palabras se religó el todo con lo eterno, vinculando a la comunidad, ayudando a superar angustias y temores, articulando a cada ente en su sentido, en el entrecruce de fuerzas que compone lo real. Los cuerpos fueron raíces, tronco, ramas, hojas y viento. Fueron los luchadores impulsados por los ancestros, el reencuentro amoroso que se busca en el agua. Con la emoción de todas y todos presentes, como fue en un principio, ahora y siempre.   
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