2011-07-19
LAS AUDIENCIAS DE LOS JUICIOS SON PÚBLICAS
Para presenciar los debates, presentarse con DNI, cédula o pasaporte original en el 6º piso de los tribunales de Av. Comodoro Py 2002 media hora antes del comienzo de las audiencias, para acreditarse.
ENAMORADOS DE LA JUSTICIA. CRÓNICAS INFORMALES DE AUDIENCIAS JUDICIALES POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD
Crónica 6. Causa Centro Clandestino de detención, tortura y extermino ESMA,1er tramo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fines de junio, comienzos de julio de 2011
Por razones de simultaneidad de audiencias –y por la poca atención de los tres Poderes, digámoslo, a la instalación de nuevas salas, nuevos juzgados, nuevos jueces-, debimos compartir sala con los allegados a los represores. Nuevamente ¿cómo comprender la “escucha” de estas personas? ¿Qué elucubra, allí en el meollo del cerebro, una esposa que oye el relato de, por ejemplo, las violaciones cometidas por su marido? ¿Será heroica la misión de violar a mujeres encerradas en la que debía ser una noble escuela de marinos pero no es más que noche y niebla? Prosigue el alegato de Fiscalía.
No hacía falta pegar o torturar a una mujer prisionera para obligarla a ser violada. “Te dejaban la puerta abierta, pero no te podías ir” dijo una ex detenida desaparecida. Y era así.
“Sólo podíamos, entre prisioneros, compartir un profundo silencio… La tortura comienza un día, pero no termina nunca. Siempre en algún punto reaparece”, resume otra. Reconoce que la sigue aterrando el enfrentar un pasillo (de hospital), un túnel (de subterráneo), todo lugar que evoque encierro. ¿Cuándo llegaremos a medir el daño hecho en la trama cotidiana?
Una paradoja, entre tantas: vivir clandestinamente un mes en una bella isla del Tigre –“El Silencio”, propiedad que la Iglesia Católica argentina vendió a los grupos de tareas de la ESMA-, sufrir condiciones de infierno en un lugar precursor del paraíso. Infierno y paraíso: vocablos del universo semántico de la Iglesia. ¿Por qué todo esto? Porque un grupo de secuestrados fue trasladado a dicha isla escapando a la visita que harían a la ESMA los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en setiembre de 1979. En ámbito de la ESMA, deducimos, hasta el “Buenos días” era una mentira.
Casi añoramos la sala habitual, el subsuelo “Retiro”. Al menos, allí no vemos a los familiares de los imputados, ni sentimos la pena habitual por ellos: es triste ser familia de algunos de los peores criminales de la humanidad.
Cuando por fin se vuelve a “nuestra” sala, y afuera el frío azota las avenidas de esta zona portuaria, el Fiscal Pablo Ouviña repasa el “caso” del grupo de la Iglesia Santa Cruz, recalca que fue considerado como grupo, secuestrado, encerrado, torturado como grupo. “Todos fueron asesinados juntos y de la misma forma. No se podía consentir que ninguno viviera, pues cada uno era la prueba viva de la participación de toda la ESMA en su secuestro”.
La pantalla nos muestra, en anticipo, la imputación: asesinatos.
El Fiscal va describiendo la expectativa que vibraba en el centro clandestino ante el futuro secuestro masivo (“Acosta estaba como loco”, declaró Ana María Martí), la conmoción causada con la llegada del grupo, el “revuelo” de noticias de prensa nacional y extranjera, “la presión del gobierno francés sobre la dictadura, del Ejército sobre la Marina en general y la ESMA en particular”, la importancia del represor Jorge Acosta en el secuestro de las doce personas –estuviera o no Acosta en la ESMA ese día-, el estupor y temor de los guardias en Capuchita (declaró Lila Pastoriza: “Los guardias estaban azorados, decían ´las que están allí son las que salieron en los diarios el domingo. ¿Qué va a pasar ahora?”).
Cuántas veces comparamos la calidad de los secuestrados con la bestialidad e ignorancia, tan frecuentes, en los secuestradores y torturadores. Otro tremendo contraste.
Burdas maniobras para atribuir a los Montoneros este crimen contra la humanidad cometido en cumplimiento del papel de la ESMA dentro del terrorismo de Estado: la foto sacada a las religiosas Alice (Katy) Domon y Lèonie Duquet bajo un cartel, la carta que Katy fue obligada a escribir a su superior, el comunicado falaz difundido por el Grupo. ¿A quién creían que engañaban los represores? Los cuerpos que el mar ha devuelto, justiciero, hoy sembrados en tierra sagrada, acusan a estos represores que a veces dormitan en la sala de audiencias.
Peligrosos enemigos esos familiares de la Santa Cruz, esas dos religiosas francesas. Quién sino un miserable pudo más tarde decir, según atestigua Miriam Lewin: “Pobre Elenita, le pasó lo mismo que a las monjas voladoras”. Estamos hablando de Jorge Radice, hoy sentado en la sala y esperando su condena, que se refería a Elena Holmberg, funcionaria de la embajada argentina en París asesinada por orden de Massera en la Argentina a fines de 1978.
“Otra paradoja: los familiares secuestrados en la Iglesia Santa Cruz –y otros presentes ese día y no secuestrados- habían debido buscar a quienes antes buscaban ellos mismos a sus desaparecidos”.
En fin: se trató de un operativo de varios días, consistente en secuestros simultáneos y sucesivos, gran cantidad de efectivos puestos al servicio del operativo, allanamientos, secuestros, cautiverio inhumano, tortura, asesinato de cada uno de los doce.
Quedan imputados en este crimen Jorge Acosta, Alfredo Astiz, Ricardo Miguel Cavallo, Ernesto Frimón Weber, Antonio Pernías, Jorge Carlos Rádice, Julio César Coronel, Manuel Jacinto García Tallada, Raúl Ernesto Scheller, Alberto Eduardo González, Néstor Omar Savio, Juan Carlos Rolón, Juan Carlos Fotea.
Salimos al frío de la tarde. La piel se defiende, cubierta de abrigo en la tarde helada; el corazón está aterido.
María Adela Antokoletz