Carta de Zaffaroni a Obama

2011-10-13

 

Las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora adherimos a los conceptos expresados por el Juez de la Corte Suprema Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni, porque consideramos que los cinco ciudadanos cubanos presos en territorio norteamericano y sometidos a un proceso judicial indebido e injusto.

Exhibimos a continuación, por lo tanto, la carta en que el Dr. Zaffaroni expresa su pensamiento y pide, a esta altura de la situación procesal, la conmutación de penas en beneficio de los cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero Fernando González y René González.

De ésta forma el Ministro se suma a los reclamos de miles de personalidades del mundo entero, entre ellos diez Premios Nobel, cientos de legisladores, intelectuales, artistas, organizaciones legales y académicas, miembros de todas las religiones y organizaciones sindicales, estudiantiles y sociales, que exigen la inmediata libertad de los cinco.

 

Señor Presidente de los Estados Unidos de América

 

Barak Obama

Su Despacho

Washington.

 

Dignísimo Señor Presidente:

El abajo firmante, profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires, formado en la tradición de las garantías individuales y el respeto a la dignidad de la persona humana, me atrevo a dirigirme a Ud. con motivo de las condenas que vienen purgando los ciudadanos cubanos Labañino, Guerrero, F. González y Hernández.

Más allá de las diferentes valoraciones que puedan formularse respecto del proceso y de las sentencias condenatorias, es imposible ignorar que el trámite y las decisiones resultan cuanto menos discutibles o poco transparentes, lo que incluso es reconocido en los ambitos adecuados en la ONU.

Perdernos a esta altura de los hechos en nuevas consideraciones jurídicas no parece lo más conducente, pues el paso del tiempo convirtió a la cuestión jurídica en materia política, lo que hace muy difícil llegar al fondo de la cuestión en forma imparcial. No obstante, el mismo factor va haciendo irreversibles los efectos de las condenas sobre las personas.

Me atrevo a molestar su atencion para solicitar de su elevado criterio que contemple la posibilidad de una conmutación de penas, por la vía constitucionalmente autorizada, a efectos de poner fin a una situación dudosa que a estas alturas no puede resolverse por medio de decisiones jurisdiccionales imparciales.

Creo que para casos como el que nos ocupa es que la Constitución de los Estados Unidos de América prevé y habilita la facultad presidencial del indulto y la conmutación.

Entiendo que incluso en el supuesto de culpabilidad, las penas no pueden ser crueles, lo que significa que no pueden ser desproporcionadas respecto del contenido injusto de los hechos. Considero pues, que el eventual daño a la seguridad de su país en ningún caso podría ser considerado en este supuesto de magnitud tal que merezca una pena mayor que la que ya ya han cumplido los mencionados ciudadanos.

No se ha producido muerte de ninguna persona ni se ha puesto en peligro concreto la vida de nadie como resultado de las acciones atrubuidas a los penados y, sin embargo, la magnitud de las penas excede en casi todos los casos la vida útil de esas personas, con lo que equivalen a penas de privación de las penas de privación de la vida, o sea, que por su extensión se asimilan a las penas de muerte.

No se me escapa que la conmutación de penas es direccional del Poder Ejecutivo y, por lo tanto, de naturaleza política. Si bien entiendo las razones de política interna que puede obstar a una conseción de esa naturaleza, no es menos atendible el reforzamiento que la imagen de su país y de su gobierno tendrían frente a la comunidad internacional poniendo de manifiesto su buena voluntad y la generosidad de una gracia desde una posición de poder, que es cuando ésta asume un valor simbólico de máxima significación.

Lejos de menoscabar su imagen de autoridad, implicaría el claro ejercicio de esta en pos de la reafirmación de principios consagrados desde hace más de dos largos siglos en la tradición jurídica de su país, resaltando que la fortaleza no implica crueldad.

Por otra parte, importaría un acto político de buena voluntad, que contribuiría a paliar viejas rencillas que cada día van perdiendo más sentido en la actual hora del mundo, urgida por otras demandas y riesgos. Insistir en viejos reconcer provoca en las nuevas generaciones la sensación de asistir a odios dignos de museos y devalúa la imagen de seriedad y realismo que debe proyectar la política para no ser despreciada por quienes habrán de sucedernos.

Por las señaladas razones – y otras que se deducen de ellas – es que osamos dirigirnos a ustedes impetrando un acto político de conmutación que ponga fin a esta enojosa y prolongada situación.

Sin otro particular, deseamos el mayor de los éxitos a su gestión y nos permitimos hacerle llegar las expresiones de nuestro mayor respeto y consideración.

Atentamente,

E. Raúl Zaffaroni

Profesor emérito

Universidad de Buenos Aires

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