2009-11-10
Del 26 al 28 de octubre se llevó a cabo el V Congreso de Antropología Forense. Organizado por
La apertura del encuentro se realizó en
El acto contó con la honrada presencia de Clyde Snow, antropólogo forense estadounidense que fundó el EAAF. Él, con sencillez y humildad solo agradeció la invitación a todos los presentes al finalizar las ponencias. El cierre lo dio la proyección de un video sobre
Marta Vásquez fue la primera en tomar la palabra, para agradecer y reconocer la “ardua y ejemplar labor de nuestro queridísimo Equipo Argentino de Antropología Forense”, quienes “de alumnos pasaron a maestros” y “han traído tranquilidad a numerosas familias”. Ella explicó que al principio los familiares de detenidos desaparecidos temían que el hecho de encontrar los cuerpos de sus seres buscados determinaría el final de la lucha. Pero nada de eso sucedió, por el contrario, “han renovado la lucha”. “Con la esperanza que algún día nos corresponda a todos esa paz del reencuentro”. Aunque, con sensible sinceridad, expresó las dudas que las Madres, y los familiares, atravesaron: “¿Quiero saber la verdad de lo sucedido? ¿Quiero seguir en esta angustiante espera? ¿Seré capaz de enfrentar la realidad?”. “Cuando nuestras compañeras Haydeé Gastelú y Aurora Morea recuperaron los restos de sus hijos, las dudas se nos disiparon”.
Estela de Carlotto, continuó las intervenciones. “Hablar de Antropología Forense para las Abuelas tiene una historia muy especial, muy íntima”; expresó. Al comienzo de los años ochenta “nos preguntamos: ¿la sangre de las abuelas servirá para encontrar a esos bebés secuestrados, apropiados por los genocidas? Porque los papás y las mamás ya no están”. Con esta iniciativa las Abuelas recorrieron el mundo, investigadores y científicos de distintos países se pusieron a estudiar. En 1984 recibieron la respuesta afirmativa: la sangre de las abuelas serviría para encontrar a sus nietos. Así nace el Banco Nacional de Datos Genéticos, único en el mundo.
Con la mirada sostenida por Snow a muy pocos metros de distancia, Estela contó su historia personal. “En 1978 me entregan el cuerpo de mi hija Laura. Ella estaba embarazada, pero no sabía cuál había sido el destino del bebé o si había dado a luz. En ese momento pedí hacer una autopsia, pero fue imposible. Pasaron los años y en 1985 pido la exhumación del cuerpo, y que Clyde Snow lo analizara.” Al tiempo, él la llamó y le dio la noticia: “Estela, sos abuela”. Desde entonces, nunca dejó de buscar a su nieto.