2011-11-21
Esperanza Labrador, Madre de Plaza de Mayo de Rosario, y esposa de un asesinado, falleció a los 89 años en España. Noviembre de 2011.
Según informa Wikipedia (puede ser verdad), "Se casó con Víctor Labrador, un español del que se enamoró por cartas que le escribía desde el frente de Madrid. Al terminar la Guerra Civil, decidieron emigrar y como estaba prohibido ir a Cuba, tuvieron que ir a Argentina, desplazándose desde San Esteban de la Sierra (Salamanca) a la ciudad de Rosario, donde desarrollaron un negocio familiar de industria de calzado".
Esperanza perdió a su hijo Miguel Angel, de 26 años, secuestrado y desaparecido en 1976 probablemente en Paraná y conducido seguramente a Jefatura de Policía de Rosario; a otro hijo, Palmiro, asesinado con su esposa Edith Graciela Koatz, y cuando el marido de Esperanza, Víctor, alarmado por la falta de noticias del joven matrimonio, fue hasta la vivienda de ellos, lo asesinaron cruelmente. Para colmo el otro hijo varón, Tomás, murió en un accidente. Quedó sólo su hija, la rubia Manoli. Pero todos –Oscar, el yerno, también- fueron atados, torturados, robados, obligados a firmar cheques.
"En apenas una semana, Esperanza y Manoli huyeron con lo puesto y lo que quedaba de la familia, al amparo del consulado de España en Rosario, acompañadas por el embajador de ese país, a quien el entonces comandante del II Cuerpo de Ejército, Leopoldo Galtieri, le dijo que la muerte de Víctor "había sido un error", pero no así las de sus hijos. El embajador ibérico les recomendó refugiarse en España "para evitar que toda la familia fuese exterminada".
Sabedora de que Esperanza vivía en Salamanca, con su hija Manoli, su yerno y nietos, fui una vez a visitarla junto con Carmen Cornes, Carmiña. Carmen y yo solíamos dar nuestras giras, en general para proyectar el documental Nunca Más –omitiendo en dicha proyección, lo reconozco, el discurso del ministro del Interior Antonio Troccoli …-. Pasamos con la familia dos o tres días. Tengo en casa alguna foto de esos poquitos días.
Esperanza era una mujer muy firme, de una cultura popular y sin vueltas para expresar lo que sentía. Ella y Manoli, hospitalarias como casi todos los españoles de pueblo, nos convidaban con paella, buenos vinos, panes con chicharrones y cuanto puede desearse para engordar bien a gusto.
Al volver a
Las Madres de
Por María Adela Antokoletz.