2008-12-11
Cuando el sol encontró su lugar pleno en el centro del cielo, como un punto concentrado de luz, ellas y ellos llegaron a su punto de encuentro y concentraron a plena luz. Eran las 12 del día 10 de diciembre, en Piedras y Avenida de Mayo, junto a la bandera de las y los treinta mil detenidos desaparecidos.
Al llegar a
“¡Con la lucha se puede!” Repetían a cada hora transitada. Y se sumaban las otras exigencias que movilizaban:
Aceleración de los juicios a los genocidas
Juicio político a jueces y fiscales involucrados en el terrorismo de Estado
No a la reconciliación, no a la justicia transicional
Ningún funcionario de la dictadura en cargos del Estado
¡Basta de represión a cargo de las fuerzas de seguridad!
No a la judicialización de la protesta y desprocesamiento de los luchadores populares
Libertad a Karina Germano López
Redistribución de la riqueza y soberanía alimentaria ¡YA!
¡Basta de saqueo de los recursos naturales!
No a la baja de edad de la imputabilidad de los menores
No al pago de la deuda externa, ilegitima, inmoral y fraudulenta
Por una nueva ley de radiodifusión democrática y popular
Por la libertad y democracia sindical
Aparición con vida de las mujeres desaparecidas en democracia, restitución de la identidad de sus hijos y desmantelamiento de las redes de trata
El escenario estaba armado, y desde las 17 horas se fueron sucediendo las mesas de debate. Se habló sobre los conflictos de los trabajadores de la educación, la salud y la cultura; sobre los juicios por apropiación, la baja de la edad de imputabilidad de las y los jóvenes, la justicia transicional, los presos políticos, el juicio y castigo a los genocidas, y la organización y libertad sindical.
Ya había llegado la noche cuando un corte de luz demoró las actuaciones artísticas. Liliana Felipe no aguardaba, porque estaba desde antes, siendo parte de la ronda, de la marcha, de la resistencia. Con su mirada dulce, junto a la compañera Jesusa, circulaban, escuchaban, hasta que, de un momento a otro, regresó la electricidad y ellas brillaron como estrellas, igual arriba que abajo del escenario. Su concierto fue como un fogón entre amigos, alegre, disfrutado, coreado, con deseos de ser infinito.
Después de sus canciones, los músicos de Iven, llegados desde Venezuela, pusieron el ritmo caribeño a la canción de protesta. Ellos, también desde temprano, iniciaron su huella de alegría a la rebeldía. Una presencia de rondas, que continuó hasta la madrugada.
A continuación, se leyó el documento que redactaron los organismos convocantes. Mientras tanto, las y los Herman@s de Detenidos Desaparecidos encendían antorchas que se mezclaban y repartían entre todas y todos los marchantes (o caminantes).
Y así, se fue cerrando el círculo.