24 de marzo de 2008

2008-03-24

 

Flameaban los rostros de esperanza

 

Marcha del 24 de marzo de 2008 

 

Desde temprano hubo que dejar la puerta abierta: jóvenes y no tan jóvenes entraban y salían organizando encuentros, tomando un cafecito o un mate, portando carteles, botones con rostros amados y ausentes, blancos pañuelos para llevar en la cabeza o sobre los hombros, las pesadas banderas en que gravitan, detenidos en su sonrisa o su grave actitud, miles de rostros de detenidos desaparecidos.

 

Nuestra sede, tan cercana al lugar donde se ubicaría la cabecera de la marcha, hervía esa siesta del lunes 24 de marzo. Y nos preparábamos a caminar, sabedoras de que las esperas y el paso serían duro, pero nada más duro que el pasado, que el significado pleno de lo que en esa fecha rechazábamos.

 

Las banderas se extendieron como tantas otras veces a lo largo de la Avenida. de Mayo, con los rostros fotografiados mirando hacia adelante. Muchas personas se tomaron de los bordes y, cuando echamos a andar, cantando o en silencio, rumbo a la Plaza-eje de nuestra vida ciudadana- sentimos que repetíamos un gesto ya tradicional de repudio y dignidad. Íbamos adelante las Madres con miembros de los organismos convocantes: Abuelas, Hermanos, HIJOS, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Asociación Buena Memoria, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Servicio Paz y Justicia.

 

Detrás de las banderas, se erguían los carteles de estos organismos, y después los organismos sociales, religiosos, sindicales. Marea humana pero marea lúcida, dispuesta a concentrarse en la Plaza y a manifestar el sentido del encuentro.

 

El discurso leído en el sencillo escenario fue seguido con atención, más que otras veces según nuestro entender. En él los organismos mostramos nuestro dolor: “Esta es la Impunidad. La que permite que Julio López esté desaparecido, por testificar en el juicio contra el genocida Etchecolatz”. En él exigimos juicios veloces sin aceptación de procedimientos dilatorios y con condena efectiva, protección concreta a testigos y agentes judiciales, puesta bajo la luz pública de la verdad. “Exigimos la apertura de los archivos de las Fuerzas Armadas para saber toda la verdad. Si no la impunidad permanece, los genocidas mantienen sus pactos de silencio”.

 

Exigimos expulsión de represores que ocupan cargos públicos, recuperación de la identidad para tantos jóvenes secuestrados cuando niños, cese de la represión policial de hoy. “Porque ha sido esta impunidad la que ha hecho escuela en las fuerzas de seguridad permitiendo que desde la llegada de la democracia los jóvenes mueran víctimas del gatillo fácil, en la tortura en cárceles y comisarías y en manos de las patotas parapoliciales y empresas de seguridad. Impunidad que hace posible el tráfico de mujeres y niños, y las distintas formas de trabajo esclavo”.

 

“Así la represión de la dictadura se vuelve el antecedente de las discriminaciones y las torturas de hoy. Así el terror se reedita en las  denigrantes cárceles del país”.

 

Nuestro documento procuraba esclarecer ante el público cuáles eran las causas extra nacionales de la dictadura, las doctrinas y acciones del poder transnacional, las presiones que dieron como consecuencia una ley nacional antiterrorista que rechazamos.

 

Nuestro documento, en fin, daba cuenta de nuestra actitud de resistencia: “Elegimos esta Plaza porque es la Plaza de la Lucha. Plaza que no les pertenece ni a aquellos que la bombardearon en el ´55, ni a aquellos que reprimieron el 19 y 20 de diciembre, sino a todo el pueblo que resistió y resiste, a las madres que lucharon por la aparición con vida de sus hijos, a los 30.000 detenidos-desaparecidos y sus compañeros”.

 

En la Plaza nuevamente supimos que ellos, esos treinta mil, de algún modo nos dicen con frase popular y bien gráfica, como lo hemos sentido muchas veces, como lo hemos expresado entre nosotras: “¡Dale, vieja, dale!”

 

(Escrito por María Adela Antokoletz, de Herman@s)

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